Psicología

Perder un ser querido...

Lic. Patricia Pignato - 10-02-2016

 

 

 


 

Gabriel Castellá nos dice: ..."El amor permite que la luz de los seres que alumbraron nuestra existencia nos siga iluminando aunque ya no estén aparentemente con nosotros; como la luz de la estrella se sigue irradiando, sigue su viaje y centellea en el firmamento, aunque la estrella misma haya desaparecido”…

 

El amor crea la magia de sustraer del tiempo y del espacio a ese ser tan amado que ha partido y transportarlo para siempre en la dimensión espiritual de nuestro ser. Para llegar a estas instancias tendremos que atravesar el inexorable recorrido que propone el duelo, entendiendo por éste: todo aquello que hacemos como respuesta al sufrimiento que provoca una pérdida en nuestras vidas, privados de aquellos que amamos somos impulsados a un viaje doloroso, sin mapa, ni brújula, el duelo nos cubre de angustia y dolor, tristes, ansiosos y confundidos atravesamos una situación de caos, donde nuestro mundo cotidiano se desmorona, cambiando nuestra vida irremediablemente.



El duelo nos sumerge en una “crisis vital”, barre nuestras certezas y desafía nuestro futuro, lo que era ya no es más, lo que creíamos ayer, hoy ya no se sostiene, nos deja solos, con la profunda sensación de que nunca saldremos del dolor y la pena.



Adaptarnos a la pérdida significa aprender a vivir en un mundo que cambia para siempre, ya que cambia la relación con uno mismo, y a la vez con todo aquello que nos rodea. El duelo propone nuevos caminos para seguir viviendo, y para eso habrá que reconstruir la identidad, dándole a nuestra vida dirección y propósito.



Intelectualmente buscamos respuestas y significados que nos ayuden a comprender… porque la muerte no tiene consuelo, pero sólo nos queda la dicha de atesorar en el alma los más bellos momentos vividos junto a ese ser que ya no está… al trascender su existencia, queda en nosotros la esencia de su amor, develando con toda intensidad su genuina “presencia”. 

 


San Agustín dice: “Tus muertos no son seres ausentes, son seres invisibles, pero presentes”.

 


Cada persona es única e irrepetible y aquello que supo entregar, eso, perdura… pero no podemos negar que la ausencia duele. El dolor y las lágrimas que acompañan al ser querido que ha terminado su camino entre nosotros, son simplemente la señal del entrañable cariño con que hemos compartido su vida… 

 

 

 

 

Lic. Patricia Pignato

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